El principio de Pareto y la Long Tail
Como suele pasar, esto, que, además es un poco largo, se ve mejor en una pantalla grande.
Este artículo es para repasar cosas tan sabidas... como, tantas veces, olvidadas.
Estamos casi seguros de que “te lo sabes todo” lo que vamos a contar en él, pero, a la vez, estamos (casi) seguros de que hay unas cuantas cosas en el artículo y sus enlaces que, por la razón que sea, tu organización todavía no ha puesto en práctica.
Por eso te las recordamos.
Hace unos días recibimos un artículo de la newsletter de Seth Godin en el que establecía un paralelismo muy interesante.
Godin compara la revolución de paradigma que supuso en su momento (2004) la formulación de Anderson de su teoría de la cola larga o larga cola, que tanto monta..., (the long tail) y la irrupción de la IA en el mundo del marketing.
Godin habla hoy, al hilo del desembarco de la IA, de the infinite tail...
Los antecedentes de todo esto...
Principio de Pareto

En muchos fenómenos, aproximadamente el 80 % de los efectos o resultados son causados por el 20 % de las causas o factores. (Wikipedia).
La cola larga (The long tail)

Acuñada por Chris Anderson en 2004, la teoría de la Larga Cola (o Long Tail) explica como internet permite a las empresas rentabilizar la venta de una inmensa variedad de productos de nicho, en lugar de obsesionarse solo con los hits (éxitos) de ventas.
Explicado esto en román paladino, podría decirse que el principio de Pareto apunta a poner el foco en unos pocos más relevantes, que dan mucho, mientras que la teoría de la cola larga de Anderson, dice que hay que ponerlo en los muchos (más) que dan poco… pero de forma constante y a bajo costo.
Como decimos, en su momento fue un verdadero cambio de paradigma...
Antes de Internet
Antes del uso masivo y frecuente de Internet, por la mayoría de la gente, un principio casi incuestionable en ventas y atención al cliente (o al producto) era el principio de Pareto.
Por la limitación y economía de recursos de la organización (fuera de ventas, de marketing o de fundraising), parecía razonable concentrarse siempre más (aunque no solo) en los mejores productos o clientes (unos pocos) que, ordinariamente, proporcionaban los mayores rendimientos.
Lo de que el 20% de los clientes/productos/servicios/donantes, proporcionan el 80% (de los ingresos, beneficios, márgenes... llámalo h... o como quieras).
Ese foco en los menos, pero mejores, producía, inevitablemente, un cierto (cuando no un completo) descuido o desatención de los usuarios (o potencialidades) menos relevantes (en términos de retorno): los más, pero peores.
Con la llegada de Internet
Con la llegada “masiva y generalizada” de Internet, la Web, el correo electrónico, las pasarelas de pago, etc. (a las organizaciones y a los hogares, los ordenadores y los móviles)...